


El customer journey representa las fases por las que pasa cada arquetipo de usuario al relacionarse con el producto o servicio que se está analizando. Es necesario diferenciar las fases por las que pasan estos clientes, identificar un mapa de experiencia en el que observar qué puede hacer el cliente antes, durante y después de estar en contacto con nuestro producto o servicio, el contexto de uso, sus motivaciones, objetivos e incluso determinar qué puede sentir en cada momento.
Los clientes potenciales no van a buscar a la marca a no ser que la necesiten. En ese momento comenzarán a investigar las diferentes opciones disponibles en el mercado y cuál de todas les puede satisfacer su necesidad. Tras esto vendrá la elección de producto o servicio y, con suerte, la compra. Durante este ciclo de vida completo es cuando hacemos tangible nuestra promesa de marca: si funciona bien con el cliente, tendremos su lealtad. Si lo hacemos realmente bien, obtendremos fans y recomendaciones.

Los ‘puntos de contacto’ (touchpoints) son los canales desde los cuales la empresa o el cliente pueden relacionarse: tienda física, departamento de atención al cliente, web, redes sociales, call to action, etc. El resultado puede ser muy simple o muy complejo, tanto como necesitemos para entender al cliente y aportar valor.
El objetivo final es que la información pintada en el mapa de experiencia de cliente (customer journey map) para cada arquetipo de usuario permita trabajar en la experiencia que se ha ofrecido, detectar los posibles errores o las diferencias entre la experiencia que se desea entregar y la realmente dada o incluso descubrir el mejor canal de comunicación con el cliente para cada momento. Cada una de estas interacciones puede generar una experiencia y va componiendo la relación entre el cliente y la marca.
La suma de todos estos ‘puntos de contacto’ y experiencias va modulando la opinión sobre el producto o servicio y las actitudes y comportamientos del cliente hacia la marca. Los touch points son unos de los aspectos centrales en la Customer Experience Management (CEM), ya que en ellos se produce el vínculo (la experiencia) entre la compañía y el cliente. Los puntos de contacto se insertan en el concepto más amplio de ciclo de vida, un ciclo en el que los clientes se van ‘enganchando’ a la marca.
Hay multitud de momentos que importan a lo largo de este ciclo de vida y se espera de nosotros que entreguemos buenas experiencias durante todo el ciclo. Si fallamos en algo importante y no sabemos solucionarlo adecuadamente, el cliente se irá.
A la hora de trabajar en nuestro ciclo de vida y nuestros ‘puntos de contacto’ es esencial tener en cuenta tres elementos del escenario actual del mercado y el comportamiento del consumo:
Debido a estos 3 factores determinantes en el comportamiento del consumidor hoy en día, el marketing de micro-momentos se ha vuelto fundamental para definir los puntos de contacto con el cliente. Este anuncio de Google define a la perfección por qué se ha hecho tan importante hoy en día.
El acceso a la información permite al cliente una valoración constante de opciones a lo largo de todo el ciclo de vida. La búsqueda y análisis es intencional e influye en la decisión, sea cual sea el momento y el lugar. La relevancia y la calidad de la información en esos micro-momentos modula la decisión de compra.
Cada organización debe definir el mapa de touch points que mejor se adapte a su realidad y a sus clientes. Para identificar correctamente estos ‘puntos de contacto’ antes debemos:
Fuente:Net Solutions
Pero, ¿qué premisas seguir a la hora de identificar y definir nuestros touch points?
La visión del cliente es diferente de la visión de la empresa, por lo que no debemos basarnos sólo en análisis internos o reproducir mapas de contacto que sean reflejo de nuestra estructura organizativa.
No es normal que todos los clientes recorran el mismo camino en su relación con nosotros ni tengan idénticas necesidades, por lo que es importante identificar las diferencias clave entre tipos de clientes y diferenciar los touch points. Por ello, identificar y asegurar los elementos emocionales del cliente presentes en el mapa de puntos de contacto. Hablar de medir y ser objetivos incluye también el mundo de las emociones del cliente.
También es fundamental conocer qué está haciendo la competencia y cómo nos podemos diferenciar. También anticipar si lo que vamos a proponer es fácil de copiar por un competidor. Es muy importante ir haciendo ajustes a lo largo del tiempo: nuestro mapa y la definición de los puntos de contacto cambiará en la medida en que lo hagan nuestros clientes, nuestro negocio y otros factores expertos que pueden afectar a ambos.
La representación más práctica del mapa de touch points se realiza sobre un eje cartesiano, en uno de cuyos ejes representaremos los momentos del ciclo de vida de nuestros clientes y, en otro, los canales posibles de contacto con la marca.
En este mapa de puntos de contacto encontramos diferentes elementos como contenido:
El equilibrio y la homogeneidad de la experiencia que vamos a entregar en los distintos ‘puntos de contacto’ son esenciales. Sabemos que el cliente integra experiencias para formar una opinión y que éstas no son estáticas en el tiempo, así como en cada etapa de compra.
Hay que tener también muy presente los puntos de contacto con el objetivo de fidelización del cliente, es decir, una vez ya se ha comprado nuestro producto o servicio.
La propuesta de valor que generemos y que vamos a transmitir en dichos puntos es el reflejo de nuestra estrategia de negocio. En este sentido debemos decidir qué variables la componen:
El mapa de ‘puntos de contacto’ es un elemento clave para la gestión de nuestra estrategia Customer Experience Management: será nuestra herramienta principal de comunicación a la organización y sobre él definiremos nuestros objetivos y métricas. La Customer Experience debe ser diseñada y no dejada al azar articulando un mapa de touch points de la experiencia.
Este mapa se construye según las etapas del camino del cliente en su relación con la marca y nuestra estrategia y debe ser coherente para ser efectivo. La clave reside en tener una propuesta de valor concreta.
Medir y correlacionar nuestras métricas con indicadores claves del negocio ayuda a completar estas interacciones y sacar lo mejor de cada punto de contacto.